el colmo de la inteligencia artificial
En 2018 el SUMMIT ( la supercomputadora) era el colmo de la inteligencia artificial.
Irónico o no, los creadores de esta mente artificial (que guarda básicamente toda la información de lo que pueda haber escrito y codificado en formato digital) han decidido llamar así a la, por aquel entonces, supercomputadora.
En octubre 2019 apareció Sycomore, el super cerebro de Google, capaz de encontrar en 200 segundos la respuesta que una supercomputadora tardaría 10.000 años en encontrar.
Irónico o no, con sustrato o sin, el nombre de este «super coco», «sicomoro», es el nombre de unos de los árboles cuya madera se consideraba sagrada en el antiguo Egipto, y se usaba para fabricar los sarcófagos de los que en apariencia guardaban la sabiduría.
Hablan de supremacía cuántica, de magnetismo y electricidad, del extraño submundo de los átomos, «difícil de controlar» y «resultados exactos».
Es asombroso. Está bien que busquemos información sobre temas a los cuales acceder por otras vías nos llevaría mucho tiempo y probablemente otros muchos medios. Está bien que dudemos de las fuentes o que nos preguntemos sobre la credibilidad de los autores y la coherencia de la información que encontramos. Esta bien que usemos la tecnología con coherencia y si cabe para buenas causas.
Lo que no veo tan bien, y es igual de asombroso, es que estemos googleando nuestros síntomas por desconocer nos, que si las nubes esconden el sol no sepamos dónde está el Este, que andemos guiados por algo ajeno a nosotros mismos, ajenos a nuestro norte personal, que nos olvidemos que los átomos que nos componen incorporan el saber, el conocimiento del todo, que nos olvidemos que el campo, la memoria cuántica es de todos y de cada uno, que podemos viajar a través de ella hacía todos los lados, todos los tiempos, todas las direcciones, que estamos interconectados, que tenemos plenas capacidades para hacer, saber, conocer, crear todo y más de lo que podría nunca crear una máquina, que dentro de nosotros está todo el universo.
Sycomore, para volver al término: más sicosis, más mente, más psique…
Y no hay nada que quiera decir que vaya en contra de la psique. Es imprescindible que la conózcanos, que tengamos la valentía de sumergirnos en nuestros procesos con consciencia…es realmente la manera de no vernos dominados, gobernados por ella, que nos autogobernemos, desde lo real del ser que somos.
Vivimos días en los que lo demostrado se cae por momentos y lo no mostrado se muestra a cada paso. Se rompen las creencias que nos han regido por siglos, milenios. Caen los mitos, los gobiernos…Hace más de cien años que Jung se oponía con coherencia al que hemos creído padre de la psicología, Freud, para defender la Parapsicología y los fenómenos ocultos. Puede que nos sorprendamos dejando obsoletas las teorías de los dos para descubrir otras posibilidades y teorías…
Lo que no podemos olvidar es que somos átomos, energía en continúo movimiento y transformación, electricidad y magnetismo, que la actividad neuronal es eléctrica y nuestras emociones crean nuestro campo magnético, que cada una de las moléculas de nuestros cuerpos posee una inteligencia, intrínseca. Que hemos nacido con la capacidad de hacer mucho más de lo que una máquina podría hacer jamás….
Es imperioso recuperar la intimidad con la naturaleza que nos habita para poder sostenerse en medio del aparente caos y la cantidad de información a la que ahora tenemos acceso, para poder discernir…
Tenemos la real libertad de escoger a que es lo que queremos estar conectados, como canalizamos y filtramos la información, los códigos…